Sociedad

El eslabón perdido
Por Emilia Delfino

Frente a la creciente cobertura mediática de los ataques sexuales, preexiste un debate sobre el origen de la violencia sexual, la prevención y la defensa.

La seducción podría ser mucho más que un arma de conquista. Para la psicología, la capacidad de autocontrol y autodominio de toda mujer a la hora de un ataque sexual puede transformarse en todo lo que el agresor no encuentra placentero: seguridad, confianza en sí misma y racionalidad, que permiten mantener la mente y el cuerpo bajo control. Es la clave de la efectividad de la defensa personal.
“Le dije que se llevara todo y le di mi cartera y las cosas que traía conmigo”. Paola (20) volvía de estudiar una tarde de 2002 cuando, unas cuadras antes de llegar a su casa en la localidad de Burzaco, en el conurbano bonaerense, un chico de su edad se le acercó. Decía que estaba armado y escondía detrás del buso una figura de revolver. “Me contestó - cuenta-, que me iba a robar ‘después’. Cuando entendí que quería violarme, no lo pensé dos veces y comencé a gritar mientras se ponía muy nervioso y amenazaba con matarme”.
El instinto de Paola lanzaba pistas por doquier: analizó en milésimas de segundo el barrio y vio que las ventanas estaban abiertas. Le dijo al violador que en la casa de enfrente vivían sus abuelos y que iban a salir a ayudarla. “Fue todo muy rápido –continúa-. Un vecino escuchó los gritos y se asomó por una ventana. Eso fue suficiente para asustarlo y que saliera corriendo”. Cuando fue a hacer la denuncia y el identikit a la comisaría de Burzaco, los policías reconocieron al violador, que acumulaba en la zona una larga lista de ataques denunciados, especialmente por adolescentes. “No podemos hacer nada – le dijeron-, es el hijo de una jueza de Lomas de Zamora”.
Los especialistas que trabajan en la asistencia a víctimas de este tipo de ataques (que abarca desde el acoso hasta el abuso sexual y la violación, como su expresión violenta más extrema), saben que el agresor encuentra placer en el sometimiento de la víctima y que la posibilidad de bloquear esa relación impuesta de poder entre verdugo y sometido puede evitar que el ataque se lleve acabo: a mayor miedo en la víctima, mayor placer en el agresor.
Evitar paralizarse para tomar el control no es fácil en la práctica, cuando víctimas y victimarios forman parte de una cultura y un sistema educativo que impone qué papel jugar en la vida íntima y social.
Para la licenciada Susana Goldberg de Lugar de Mujer, la Red Argentina contra la violencia sexual y doméstica, “la prevención de los delitos sexuales tiene que ver con destruir los estereotipos que se imponen desde la cultura y la educación en las relaciones de géneros. Desde la escuela – explica-, y hasta desde la publicidad, se impone el deber ser de cada género: para la mujer, ser sumisa, maternal y nunca agresiva; para el hombre, en cambio, ser activo y poderoso, el que tiene el control”. Goldberg explica que la pasividad que se le impone a la mujer también implica la imposición del miedo; y el miedo es lo que facilita el ataque.
En cuanto a la defensa personal, cree que “ponerse más violento puede ser peor si uno quiere disminuir la violencia y puede llevar a la muerte”. Resume que “todos pueden entrenarse para defenderse pero la idea es que no tengan que hacerlo.”
Goldberg asegura: “Las primeras discriminadoras son las maestras, ya que imponen que los varones pueden hacer ciertas cosas y las mujeres no. Para prevenir la agresión sexual ellas son las primeras que deben ser educadas. La prevención debería nacer de la escuela primaria”. Pero el plan de estudios del Ministerio de la Nación no menciona ni siquiera el tema de la violencia sexual. Fuentes allegadas al Ministerio confirmaron que el tema no figura y sólo puede llegar a tratarse en clase si es planteado por los chicos. La subdirectora de la curricular, Silvia Mendoza, no responde sobre el tema.
La violación puede ocurrir en la calle, en el lugar de trabajo, en la escuela o en el dormitorio, y lo cierto es que no existen mayorías preparadas para afrontar en el corto plazo el maltrato y la violencia.
Fernando Pascual es director regional de Sudamérica de Shot’s Rain Defensa Personal. Como instructor de esta actividad, cree que la mejor forma de prevenir la violencia sexual es la precaución personal. Aconseja que “hay que hacer caso al instinto y cuando un lugar les da miedo, alejarse de allí”. “Si transita a pie por la vereda – cuenta-, hágalo en contra del tránsito ya que evita que la sigan con un auto; ahora, si transita en un vehículo, hágalo por la izquierda y así no podrán cruzarle otro vehículo”. Pascual resume otros consejos básicos:
· “Si puede llevar consigo un celular, grabe en la memoria de discado rápido los números de emergencia;
· Tenga cuidado al realizar salidas rutinarias cortas como sacar la basura a la misma hora;
· Invente códigos familiares para que sepan cuando algo anda mal”.
Para el instructor, la defensa personal entra en escena cuando falla la prevención, “y no siempre significa piñas y patadas”, aclara. “Un grito – dice-, puede disuadir al agresor lo suficiente como para que usted corra hacia un lugar iluminado; también existen unos dispositivos portátiles que generan 140 decibeles de sonido en forma de alarma que aturden al agresor”.
Para estar preparado para defenderse con técnicas específicas, Pascual aclara que “hay que entrenar hasta que se haga un cayo en el cerebro, es decir, que los músculos recuerden ese movimiento”. Explica que desde 1960 se habla de una memoria muscular y se entrena practicando hasta que se logre un auto reflejo. “No recomendamos portar armas – asegura-, pueden querer matarla pensando que es policía. Un arma no letal, de venta libre y portación permitida es el gas de pimienta conocido como PPQ. Lo he probado personalmente y créanme que es terrible, pero se pasa en media hora”. La idea de utilizar este gas es dar tiempo a la víctima para correr y pedir ayuda, además de permitir la mejor identificación del agresor, que llevará la cara del color de un tomate maduro.
Para Mercedes Boschi, coordinadora de la defensa de los derechos de la mujer de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, “hay muy poca prevención desde el Estado y poca difusión de los derechos. Este tipo de violencia – afirma-, es considerada del ámbito privado cuando, en realidad, la prevención debería ser múltiple entre le gobierno, las ONG’s y la educación”. Agrega que “en la escuela debe educarse sobre derechos y contra la discriminación para que pueda hablarse de prevención de la violencia sexual”.


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